lunes, 3 de mayo de 2010

‘¿Y mi hija, Señor?’, grita madre marchista enloquecida de dolor

Blanca Carmona

El Diario
30-04-2010
00:02
Local

Apenas decía la jueza Catalina Ochoa “el Tribunal absuelve por unanimidad a Sergio Rafael Barraza Bocanegra”, cuando el dolor y la cólera se apoderaron de familiares de la menor Rubí Marisol Frayre Escobedo, asesinada y calcinada en 2008.

“¡No! ¿Y mi hija, Señor?”, gritaba Marisela Escobedo, madre de Rubí y quien marchó durante una semana de la Subprocuraduría estatal a la Ciudad Judicial exigiendo la pena máxima para Barraza.

La causa penal concluyó ayer en primera instancia con la determinación legal de que había “ausencia de pruebas” para determinar que se cometió un delito y declinar la responsabilidad de quien fuera detenido como autor material. La presentación de esas pruebas correspondió en este caso a un agente del Ministerio Público estatal de la Fiscalía Especial para la Investigación de Homicidios de Mujeres.

Al escuchar la resolución, Marisela Escobedo Ortiz gritó de dolor y estalló en alaridos y lamentaciones, e incluso maldijo al nuevo sistema de justicia penal, que no permite la introducción de las declaraciones rendidas previamente por los acusados aunque revelen la comisión de un delito, como en esta causa.

Tras oír el pronunciamiento de la presidenta del Tribunal, Escobedo Ortiz saltó de su lugar junto a dos agentes del Ministerio Público y aventó a media sala y frente a los jueces un Código Penal del Estado de Chihuahua, al tiempo que emitía gritos desgarradores y se dirigía hacia Sergio, a quien considera el homicida de su hija.

Sin embargo, fue detenida por los oficiales de la Policía Procesal, mientras que el hombre juzgado era retirado a toda prisa del estrado de los acusados.

La estremecedora acción de la madre de familia provocó que en un primer instante los jueces permanecieran inmóviles y luego salieran prácticamente corriendo hacia una oficina contigua a la Sala de Audiencias.

Entre el público presente en el juicio oral, la noticia absolutoria también cimbró los sentimientos y sacó el dolor acumulado. Hermanos, tíos y amigos de la víctima explotaron en llanto y a gritos expresaron su inconformidad por el fallo.

Marisela aullaba de dolor cuando cayó de espaldas, cerca de la puerta de la sala. Dos amigas de ella, quienes la acompañaron en sus caminatas de la semana pasada, trataban de ponerla de pie para sacarla del recinto judicial ante la exigencia de la Policía Procesal de que desalojaran el inmueble, pero al observar que Marisela había caído en una crisis nerviosa optaron por enfilar sus esfuerzos hacia otros de los afectados.

Fue entonces cuando una hermana de Marisela cayó boca arriba, golpeándose en la base de la cabeza y por unos segundos sus ojos se quedaron en blanco y sin movimiento; la señora reaccionó al ser levantada por una mujer policía y un asistente al proceso.

Antes, Jésica, hermana de la víctima, había sido sometida con las manos en la espalda y expulsada del recinto pues su furia retumbaba al gritar.

Ayudada por dos amigas, Marisela fue sentada en un área del pasillo, junto a la sala dos, donde continuó exclamando “¿Por qué?, malditos, desgraciados. ¿Y mi niña? ¿Para qué estos juicios? Tanta basura y tanta impunidad”.

A gritos, las personas que la asistían pedían que se llamara a una ambulancia, sin obtener resultados, pues los oficiales sólo atinaban a decir: “salgan, por favor”.

Los uniformados trataban de sacar del pasillo a dos hijos de Marisela, pero al negarse éstos ocurrió un intercambio de golpes, empujones y manotazos que terminó al ser derrumbada la mesa instalada junto al arco detector de metales.

Presa del dolor, Jésica volvió a la entrada de la sala y en repetidas ocasiones se golpeó contra la pared, mientras pateaba.

En tanto, la madre del liberado, Leticia Bocanegra Ríos, permanecía sentada en la última fila de la sala de audiencias; presa de una crisis nerviosa, también lloraba a gran voz y de forma descontrolada.

Minutos más tarde, los agentes de la Policía Procesal informaron que se reanudaba la diligencia, pero únicamente se permitiría la presencia de representantes de los medios de comunicación.

Resolución jurídica

Recompuestos los miembros del Tribunal de Juicio Oral, indicaron que se retomaba la diligencia para dar a conocer el fallo. Antes de la lectura del documento, la jueza presidenta, Catalina Ochoa Contreras, recordó que era necesario observar orden y dijo que en virtud de que “se hacía necesario resguardar la integridad física de los miembros del Tribunal y de las partes, la diligencia será cerrada, sólo para los medios de comunicación”.

“Se absuelve por unanimidad a Sergio Rafael Barraza Bocanegra de la acusación que le hizo el Ministerio Público como autor del delito consumado de homicidio agravado, previsto y sancionado por los artículos 123, 125 y 126 del Código Penal”, dijo Ochoa Contreras para dar paso a una breve explicación jurídica.

En su turno, el juez redactor, Netzahualcóyotl Zúñiga Vázquez, resumió que la única prueba presentada por el Ministerio Público adscrito a la Fiscalía Especial para la Investigación de Homicidios de Mujeres era insuficiente, pues se resumía a lo expresado por el propio acusado, ante diversas personas: dos agentes de la Policía Municipal, un agente de la Policía Ministerial Investigadora y a su padrastro, en el sentido de que él había dado muerte a Rubí Marisol al encontrarla con otro hombre.

“Estas manifestaciones no merecen valor probatorio suficiente para por sí solas demostrar el hecho, pues la testigo Marisela Escobedo Ortiz dijo que el acusado tenía fama de no decir la verdad y alardear. Además, no coincide con lo que el menor Ángel Gabriel Valles Maciel afirmó, que oyó decir al acusado, en los últimos días de agosto de 2008, sobre que había matado a su pareja y a otra persona, pero con disparos de pistola. Por ende, la única prueba en este sentido se encuentra en contradicción con otra de la misma fuente, lo que nos permite asegurar que, al menos en una de las versiones (golpes a la menor o disparos de pistola) el hoy acusado mintió, y al ignorarse en cuál de ellas lo hizo, no puede tenerse por verdadera ninguna de las versiones”, citó el juez.

El magistrado también explicó que durante el Juicio Oral, Sergio Barraza se reservó su derecho a declarar y por tanto jurídicamente no es válido introducir testimonios anteriores, aunque sean autoincriminatorios.

“Pues de hacerlo, sería violatorio de su derecho a no declarar”, indicó.

Sumado a lo anterior, la perito médico legista, Alma Rosa Padilla Hernández, no pudo establecer la causa de muerte de Rubí. Únicamente se determinó que los 39 restos óseos encontrados en un basurero clandestino de la colonia Fronteriza Baja, los días 18 de junio y 1 de julio de 2009, sí pertenecían a la víctima y presentaban un cronotanato diagnóstico (fecha de muerte) de seis meses a un año, contados a partir de su localización, refirió Zúñiga.

“Así las cosas y ante la ausencia de pruebas suficientes que demuestren que entre el 28 y 30 de agosto del año 2008, Sergio Rafael Barraza Bocanegra golpeó a Rubí Marisol Frayre Escobedo, ni que tales golpes hayan sido la causa de la muerte de ésta, se concluye que no se demostró la existencia del hecho punible que se le atribuye, ni su participación como autor del mismo, por lo que debe dictarse veredicto absolutorio en su favor”, acotó.

‘Sergio, no te perdono…’

Antes de que se dictara el veredicto, se concedió la palabra a la madre de la víctima, Marisela Escobedo Ortiz, quien dirigiéndose al acusado le dijo:

“Sergio, no te perdono, que te perdone Dios si es que algún día te arrepientes, porque sé que no lo has hecho, de viva voz lo has exteriorizado... si bien su señoría no tenemos causa de muerte y qué bueno señoría, porque yo no creo que podría cargar con ese dolor, que se lo deje para él, que se deje esa basura para él porque aquí hemos tenido suficiente.

Hemos tenido suficiente dolor y suficiente basura, hasta el número es del anticristo, este hombre no sé qué demonios se le metió para hacer eso con la vida de mi hija, con su cuerpo y con la vida a que ella tenía derecho”, afirmó con voz fuerte, para agregar: “se los dejo a ustedes”.

Luego el acusado también habló, por primera y última ocasión a lo largo del juicio iniciado el lunes pasado, para dejar entrever su responsabilidad en el homicidio.

“Yo sé que es un daño grande que al igual nadie lo va a poder reparar, verdad. Como ella lo ha manifestado, que no me perdona, de antemano te pido perdón Marisela porque yo sé que es un daño grande y es cierto como tú dices dónde estaba Dios, y yo no conocía a Dios en otro tiempo, y Dios me ha dado la oportunidad de conocerlo dentro de un penal, y este…”, atinó a decir para no concluir la idea.

Enseguida la juez Ochoa Contreras ordenó levantar la medida de prisión dictada a Barraza Bocanegra luego de su aprehensión el 16 de junio de 2009 en Fresnillo, Zacatecas.

Empero, por temor a que fuera blanco de una agresión el hombre fue conducido nuevamente al Cereso Municipal sin que hasta ayer por la noche se conociera a qué hora recobró la libertad.

Rubí Marisol Frayre fue asesinada y su cuerpo destruido, entre los días 28 y 30 de agosto de 2008.

El 28 de septiembre de 2008 la adolescente fue reportada como desaparecida, y posteriormente se realizaron varios rastreos.

El 20 de abril de 2009, la madre de Rubí Marisol Frayre ofreció una recompensa de mil 500 dólares a quien proporcionara información que permitiera dar con el paradero de Sergio Rafael Barraza Bocanegra, de quien sospechaba era el responsable del asesinato de su hija y de retener ilegalmente a su nieta, hija de la víctima y de Barraza.

Barraza fue localizado el miércoles 16 de junio de 2009 en Fresnillo, Zacatecas, y con la colaboración de la Procuraduría de esa entidad se procedió a su arresto en una casa ubicada en el Callejón de la Golondrina número 1.

Al día siguiente el sospechoso fue trasladado vía aérea a Ciudad Juárez y la niña fue entregada a la abuela materna.

Rubí fue identificada en julio de 2009.